(Español) No ha sido el resultado

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No hemos pasado a segunda vuelta (la primera vuelta de las elecciones a rectorado de la UMU 2026 fue ayer).

Y, sin embargo, me cuesta mucho sentir que esto haya sido una pérdida.

Han sido meses intensos. De exposición, de conversaciones, de pensar en voz alta. Meses en los que he tenido que explicarme muchas veces —a otros y a mí misma— qué universidad creo que tiene sentido hoy.

Y en ese ejercicio ha pasado algo importante y algo con lo que siempre disfruto: he aprendido MONTONES.

He aprendido cómo funciona la universidad cuando de verdad se pone en juego. No su estructura formal, que esa la conocemos todos, sino sus inercias, sus tiempos, sus silencios. He aprendido qué moviliza a la gente… y qué no. Qué genera ilusión y qué genera rechazo. Qué cuesta decir en público, aunque muchos lo piensen en privado. También he aprendido lo que significa sostener una idea. No lanzarla, no insinuarla, no comentarla en un pasillo. Sostenerla. Delante de otros. Con matices, con dudas, pero sin retirarla cuando incomoda.

Y en todo ese proceso ha habido una referencia constante: Senena, Marisen.

He visto de cerca algo que no siempre se ve desde fuera. Su capacidad de trabajo —que prometo que sorprende—, sí. Pero sobre todo su manera de pensar la universidad. Con una altura intelectual poco frecuente, con perspectiva, sin atajos. Sin simplificaciones fáciles.

He visto su tesón cuando las cosas no salían. Su disciplina para sostener el ritmo. Su manera de escuchar —de verdad— y luego decidir. Y también algo que no es tan habitual: su confianza. En el proyecto, en el equipo, en que merecía la pena intentarlo. Su cercanía, su sonrisa. Pero, sobre todo, he visto a una persona profundamente comprometida con esta universidad, de una forma que no se puede fingir.

No es solo que fuera una buena candidata. Es que ha sido, para muchos de nosotros, una forma de entender lo que significa estar a la altura de una institución como esta. Y eso deja huella.

También me llevo al equipo.

Mis compañeros de candidatura (Santi, Chari, Caty, Juanjo, María, Mª José, Rosa, Pedro M., Pepe, Mariola, Yvette, Yésica, Salvi, Paloma, Máximo, Dorothy), y mis compañeros de campaña —los de detrás de cámaras, los que no salen casi nunca en las fotos pero que sabéis quiénes sois— han sido un descubrimiento personal e intelectual. Y un regalo. Un regalo de los que no esperas y que, cuando llegan, sabes que te van a acompañar más tiempo del que dura esto. Personas con las que probablemente no habría coincidido así, en este nivel de intensidad, de conversación y de compromiso, de ninguna otra forma y con las que espero seguir coincidiendo.

De todas esas conexiones, hay algunas que se quedan de una forma especial. Y en mi caso, Pedro M. Porque más allá del trabajo —que ha sido mucho—, hay algo que valoro especialmente: que creyera en mí para estar aquí. Que me diera ese espacio. Que me integrara con una naturalidad y una confianza que no siempre son fáciles de encontrar. Y eso, para mí, ha sido importante de verdad.

También he imaginado.

He imaginado una universidad distinta. No perfecta, pero sí más consciente del momento en el que está. Más honesta con lo que significa enseñar y aprender hoy. Más capaz de tomarse en serio la inteligencia artificial no como herramienta, sino como ruptura. Más dispuesta a dejar de hacer como que todo sigue igual, o a cambiarlo todo para que nada cambie. Imaginar eso, hacerlo con otros, ponerle palabras, medidas, estructura… ha sido, probablemente, lo más valioso de todo este proceso.

Porque cuando una empieza a ver la universidad así, ya no puede dejar de verla.

También me llevo a la gente a la gente de mi universidad. El cariño constante de mucha gente, el cariño inesperado de otra mucha. Conversaciones que no habrían ocurrido de otra manera. Personas a las que no habría escuchado con esta atención. Miradas distintas, a veces muy alejadas de la mía, que me han obligado a afinar, a explicar mejor, a entender mejor.

No todo ha sido cómodo. Ni fácil. Pero sí ha sido profundamente interesante. Y eso no es poco.

Me voy de esta campaña con la sensación de haber estado en una conversación que importa. De haber puesto encima de la mesa cuestiones que, antes o después, tendremos que abordar como institución: qué significa aprender y enseñar hoy, qué valoramos cuando hablamos de buena docencia, cómo se transforma una universidad sin fingir que el contexto no ha cambiado.

Ahora sigo con mi mundo habitual… esto ha sido “solo” una bonita aventura, pero ya no sigo siendo la misma, ahora ya no puedo dejar de ver todo esto. Y me alegro de eso, porque ha merecido la pena y porque hemos cambiado.

Suerte y buen hacer a los que quedan en la carrera y gracias de corazón a todos los que de mil maneras diferentes me habéis apoyado en este proceso.

(Tengo pendiente grabar un video de esto, pero debo tener menos carita de pena :-))

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