Dar clase en Sydney empezando por Rosalía

Hay cosas de una estancia de investigación que una apunta en el calendario con bastante antelación y que, cuando finalmente llegan, siguen haciendo un poco de ilusión y dando un poco de vértigo, todo a la vez, como siempre.

Esta semana (el 16 de septiembre miércoles) me tocaba dar una guest lecture en la University of Sydney. ¿Estaba atacada? obviamente: dar clase en una universidad como Sydney, con su historia, su prestigio y todo lo que representa, es una de esas cosas que me parecen una pasada. Y si además la invitación viene de una persona cuyo trabajo admiro (Lucila Carvalho) y es para entrar en su clase, con sus estudiantes y dentro de una asignatura que ella ha pensado y construido, la responsabilidad se nota un poquito más. La asignatura era de métodos cualitativos de investigación para estudiantes de Diseño.

Mi problema era qué podía aportar yo allí. No tenía demasiado sentido ir a explicar diseño a estudiantes de Diseño, y tampoco ir a contarles los métodos que ya estaban trabajando en la asignatura. Mi misión, como bien me explicó Lucila, era traer, desde el trabajo de una pedagoga que hace proyectos de investigación y desarrollo (que incluyen diseño educativo), materializar esa investigación para los estudiantes, hacerla tangible… y para eso hemos usado uno de esos ejemplos que creo que es más completo en términos de diseño y de investigación: la historia de DALI.

DALI es uno de esos proyectos que recuerdo con especial cariño y del que me siento particularmente orgullosa. Queríamos trabajar la alfabetización en datos de personas adultas para una ciudadanía más responsable, y eso nos llevó por un recorrido bastante más complejo de lo que esa frase permite imaginar: primero tuvimos que preguntarnos qué significaba realmente estar alfabetizado en datos; construir un framework; pensar cómo podía aprenderse aquello; convertirlo en experiencias de aprendizaje y después en juegos; cocrear, probar, observar, escuchar a jugadores y facilitadores, cambiar cosas, preparar materiales para que otros pudieran utilizarlos, traducirlos y pensar finalmente en las condiciones más amplias que podían hacer posible todo aquello. En la presentación original del proyecto, ese recorrido aparecía ordenado en cinco grandes resultados: framework, enfoque de aprendizaje, toolkit, implementación y recomendaciones de política.

Pero yo no quería contar DALI como una colección de resultados. Quería contar las preguntas que fueron apareciendo por el camino y, especialmente, las personas que necesitamos para intentar responderlas. Y quería también hacer una presentación amable, mia, que conectara con los estudiantes…a uqnue fuera un poquito… y ahí apareció Rosalía.

La clase empezó con Berghain. Antes de publicar la canción, Rosalía publicó la partitura y la gente empezó a interpretarla sin haber escuchado todavía el original. Después llegó la canción, Conrad Taylor hizo un remix techno que nadie le había encargado, ese remix empezó a circular y, unos meses después, acabó formando parte de la propia actuación de Rosalía en los BRIT Awards.

Me interesaba esa historia por algo muy sencillo: hay una diferencia entre lo que alguien pone en el mundo y lo que ocurre después con ello. Rosalía publica una partitura y la gente la interpreta. Publica una canción y alguien hace otra cosa con ella. Esa versión circula, otras personas se apropian de ella y finalmente vuelve a la propia artista transformada. Y, salvando todas las distancias, cuando intentamos diseñar para aprender tenemos un problema parecido.

Podemos diseñar una tarea, un juego, unos materiales, unas reglas, unos roles. Podemos tener una idea bastante sofisticada de lo que creemos que podría ocurrir. Pero después llegan las personas. Y lo que hacen, lo que entienden, lo que ignoran, lo que transforman, las conversaciones que aparecen o las cosas que necesitan para que aquello tenga sentido no están contenidas de manera automática en nuestro diseño.

Ahí estaba, en realidad, el vínculo con los métodos cualitativos. Cada vez que en DALI apareció una nueva pregunta tuvimos que preguntarnos también quién podía ayudarnos a entenderla. Para unas cosas necesitábamos expertos; para otras, personas interesadas en facilitar esas experiencias; para diseñar y cocrear, otras miradas; cuando empezamos a jugar, jugadores y facilitadores; y cuando ampliamos la mirada, personas capaces de ayudarnos a entender condiciones que iban mucho más allá del juego. No todas esas personas podían contarnos lo mismo porque no todas tenían acceso a la misma parte de la experiencia. Y tampoco todas las preguntas podían responderse de la misma manera. Supongo que esa era la idea que quería dejar hoy en una clase que, en principio, queda bastante lejos de las que suelo dar: antes de preguntarnos qué método vamos a utilizar, quizá merece la pena preguntarnos qué queremos entender, qué no podemos saber por nosotros mismos y a quién necesitamos para intentar comprenderlo.

Y sí, confieso que me ha hecho especial ilusión poder contar esa historia allí. En la University of Sydney, invitada por alguien a quien admiro, hablando con estudiantes de Diseño sobre un proyecto del que estoy muy orgullosa y empezando, contra todo pronóstico, por Rosalía. Además he tenido la suerte de darle un abrazo a una amiga que tengo hace más de 7 años y a la que nunca había tocado, finalmente conocí a Pippa Yeoman en persona… así que todo bien, todo redondo.

Hay días de estancia que quedan especialmente bien guardados. Creo que este será uno de ellos.

Este trabajo es resultado de la estancia 22871/EE/25 financiada por la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia con cargo al Programa Regional de Movilidad, Colaboración e Intercambio de Conocimiento “Jiménez de la Espada”

He escrito un «panfleto» (creo) sobre docencia universitaria

Hace tiempo que no escribía aquí algo así. Supongo que porque estas cosas siempre me generan una mezcla rara de ilusión, pudor y cierta incomodidad. Pero bueno, allá va: he escrito un panfleto (o al menos así lo he llamado en casi todas las conversaciones que he tenido sobre él, porque no termino de verlo como un libro académico al uso).

Se titula Enseñar es decidir. La docencia universitaria más allá del método.

Durante años, muchos profes amigos —sobre todo de universidad y de secundaria (si, Xenia, tu)— me han pedido que les recomiende “un buen manual” para “dar clase”. Algo para empezar. Algo que les ayude a orientarse. Y siempre me he quedado un poco incómoda en esa conversación.

No porque no haya buenos libros. Los hay, y muchos. Pero no estaba convencida de que recomendarles uno fuera, de verdad, la mejor puerta de entrada. Porque muchas veces esos manuales —incluso los buenos— te obligan a entrar en la pedagogía como quien se mete en una camisa de once varas: de golpe, con conceptos, marcos, términos, estructuras… que, si no estás ya dentro, pueden resultar más abrumadores que sugerentes.

Y a mí me apetecía otra cosa.

Algo más cercano a una conversación que a un manual. Algo que no te diga “esto es lo que hay que saber”, sino que te coloque en una posición desde la que empezar a pensar. Algo que no te fuerce a adoptar un lenguaje ni una forma de mirar desde el primer momento, sino que te deje entrar poco a poco, sin sentir que te estás equivocando todo el rato.

Este texto empezó siendo eso: notas sueltas, preguntas que no terminaban de cerrarse, fragmentos que volvían una y otra vez –aumentados por un proceso profundo de reflexión que vino promovido en parte por mi aventura electoral :-D). Muchas veces venían de recuerdos de conversaciones con colegas, de clases, de lecturas, o simplemente de esa sensación incómoda de que hay cosas en la enseñanza —en cómo hablamos de ella, en cómo la pensamos— que damos demasiado rápido por buenas.

Durante bastante tiempo, en realidad, no tuve ninguna intención de mandarlo a ninguna editorial. Simplemente empecé a escribirlo y pensaba subirlo a algún sitio —igual aquí al blog o contarlo en alguna charla—. No porque pensara que no estaba “terminado” (esa sensación no desaparece nunca), sino porque no tenía claro que tuviera sentido como libro. Era más bien un texto que necesitaba escribir para ordenar ideas, para aclararme, para ver hasta dónde llegaban algunas intuiciones que llevaba tiempo arrastrando. Los capítulos eran corticos y no quería llenarlo de citas… solo escribir…

Antes de siquiera plantearme enviarlo a ningún sitio, decidí hacer algo que me parecía más importante: sacarlo de mi cabeza.

Y una vez fuera, como soy como soy, se lo pasé a tres amigos. Pero no a cualquier tipo de amigos. A tres de esos que uno no consulta para que le confirmen nada, sino justo para lo contrario. De los que leen con cuidado, con generosidad, y con los que tengo la confianza suficiente para saber que no son condescendientes y que nos respetamos lo suficiente para no mentirnos. De los que te dicen que algo no se sostiene aunque sepan que te has dejado bastante en ello.

La idea era bastante simple: ver si el texto tenía algún recorrido más allá de mi propio marco. Si se entendía. Si irritaba por motivos interesantes o simplemente porque no estaba bien construido. Si había algo ahí o era solo una acumulación de intuiciones más o menos bien escritas.

Lo más relevante fue que los tres coincidieron en algo que yo no tenía nada claro: que el texto merecía salir.

Yo seguía teniendo bastantes dudas (y sigo), pero en algún momento decidí fiarme de ese criterio externo más que de mi propia inercia (aunque reconozco que aún no tengo del todo claro si eso habla bien del texto o de su paciencia como lectores). El caso es que ahora mismo está en proceso de edición en Transmedia XXI, cuyo equipo editorial ha decidido que merece la pena publicarlo, lo cual, sinceramente, todavía me resulta un poco raro de decir en voz alta, pero a la vez me llena de satisfacción.

La idea es que haya una tirada pequeña en papel, pero que el texto quede en abierto, disponible para quien quiera leerlo… con una licencia CC, pero con el cuidado de una colección editorial que respeto mucho… eso lo tenía claro desde el momento 0. Porque, en el fondo, creo firmemente que  es la forma en la que más sentido tiene que circule…. por eso se quedará en abierto, el libro y el audiolibro…. Y sí, podría hacer aquí un resumen más o menos ordenado de lo que dice, pero la verdad es que me interesa más contar de dónde sale… y por qué lo llamo panfleto…. porque hay textos que nacen con vocación de libro, en la academia eso lo tenemos claro. Este no.

Durante el tiempo que lo llevo “en medio” lo he llamado panfleto no solo por prudencia, sino por honestidad. Porque este texto no pretende ordenar el campo, ni ofrecer un mapa completo, ni convertirse en referencia de nada. No aspira a cerrar conversaciones, sino más bien a abrirlas. A incomodar un poco. A provocar preguntas donde a veces solo hay certezas heredadas.

Este “panfleto” va, precisamente, de pensar la pedagogía sin darla por supuesta. De cuestionar algunas de las cosas que hacemos —y sobre todo cómo las justificamos— en la enseñanza, especialmente en la universidad, aunque no solo. De mirar con cierta sospecha nuestras rutinas, nuestros discursos, incluso nuestras buenas intenciones. No es un texto contra nadie. Pero tampoco es un texto neutro. Y, en el fondo, también nace de una incomodidad muy concreta.

No sé si esto es ese texto, pero al menos es el intento.

Como he dejado “caer” he grabado también el audiolibro… y espero que esté muy pronto disponible… os lo iré contando… eso seguro…

High Level Group of Education and Training Meeting

En el mes de mayo, durante mi participación en una conferencia en Barcelona (EDuTech Cluster Conference) me pidieron desde el Ministerio de Educación y en particular desde Acción Educativa Exterior que participara como Speaker para el EU High Level Group on education and training en el primer evento de la presidencia española del consejo europeo.

Estar reunión (Jerez de la Frontera, 29 de junio de 2023) era el primer evento previo al inicio de la presidencia española de la unión y se ha focalizado en dos cuestiones fundamentales: los valores europeos y la transformación digital. Por ello nos pidieron a dos personas: un compañero alemán que hizo una presentación sobre inteligencia artificial y valores, y yo misma, que hice una presentación que era sobre transformación digital del aula, que participásemos con ponencias para la discusión.

Desde el ministerio me pidieron una visión de lo que dice la investigación sobre la integración de tecnología en el aula, intentando superar las visiones más catastrofistas o ingenuas de la transformación, pero siempre basado en investigación. Fueron 25 minutos de presentación y 1 hora de conversación con los miembros del High Level Group. Os dejo aquí mi presentación de diapositivas completa (hay muchas diapos que las salté por cuestiones de tiempo)

Casi todos los elementos los conocéis los que alguna vez hayáis leído cosas mías básicamente porque no pretendo inventar la rueda y porque creo que merece la pena intentar ser coherente en el discurso. Además, mucho es precisamente fruto de la investigación que he llevado a cabo en estos años (aquí tneíes la lista de bibliografía que referí también https://docs.google.com/document/d/1gOiEZvqRQmKbe6hsdPAMv6qOp1H3nETpYDtnkBUS0UY/edit?usp=sharing) .

La verdad es que es seguramente la experiencia más intimidante que he tenido en términos de responsabilidad y protocolo, pero fue también un momento fantástico de poder contribuir de alguna manera a un debate que va más allá de mi contexto más próximo y ante una audiencia que tiene mucha faena y que espera que tu discurso les sirva de algo…  He aprendido mucho haciéndola. preparándola, comiendo nervios, y estando allí.

Como decía en la crónica que hice de este momento en Instagram (video de Instagram solo en castellano  https://www.instagram.com/reel/CucdHG2uuVK/?utm_source=ig_web_copy_link&igshid=MzRlODBiNWFlZA== ), creo que ha ido bien, me siento honrada y orgullosa, sinceramente espero al menos no haber dado ideas para que vaya a peor la política de transformación digital educativa europea y haber contribuido de alguna forma a ese debate. Yo de momento, he aprendido muchísimo.

Actividad de clase: Podcast sobre “La Hora del Código”

El pensamiento computacional y los desarrollos de la robótica educativa son parte del contenido de la asignatura que trabajo con los estudiantes de primero del grado de educación primaria. Sin embargo, este año por las condiciones de trabajo con los estudiantes (semipresencialidad y prohibición expresa de cualquier tipo de interacción física o intercambio de materiales en las sesiones presenciales), me resultaba complicado pensar en cómo hacer para que explorasen el tema, que vieran sus posibilidades y que no fuese solo una aproximación “teórica” a la cuestión.

Por ello decidí proponerles como una tarea semanal una exploración a las actividades de La Hora del Código un proyecto que está ayudando a profesores de todo el mundo a introducirse en la codificación como introducción al Pensamiento Computacional. Mi propuesta (que se enmarca en las condiciones de trabajo en grupo, por roles de desempeño que algunos ya conocéis) incluía que debían:

  • probar al menos tres actividades de https://hourofcode.com/us/gb/learn. De las tres tareas del catálogo 2º a 5º grado debían escoger al menos una para ser utilizada en condiciones conexión a internet reducida o inexistente y otra SIN ordenadores ni dispositivos (la tercera libre).
  • Debían recoger evidencias del proceso y documentar la experiencia en su blog de desempeño.
  • Responder a algunas preguntas como: ¿Qué nivel sería apropiado para esta actividad? ¿Cómo cuadra esta actividad en la Taxonomía de Bloom? ¿Qué contenido/estándar del plan de estudios sería adecuado desarrollar con esta actividad? ¿Cuál es el valor añadido de utilizar herramientas digitales en este caso? ¿Qué problemas éticos podría encontrar usted (o sus alumnos o los padres) al realizar esta actividad en el aula? ¿Qué cambios debes hacer para que tus alumnos puedan realizarla desde casa?

Todas las tareas semanales que planteamos en clase se presentan al resto de miembros de la clase para poder recibir feedback y además aprender del trabajo de los demás, pero intentamos hacer cada una de esas presentaciones en un formato que se configure también como contenido de la asignatura. Así, esta vez probamos algo diferente, pedí a los grupos que creasen, durante el periodo de clase (y sin entrenamiento previo alguno), un podcast contando su experiencia.

Cuando les di las instrucciones de la tarea les avisé de que en clase deberían hacer un podcast pero no les dije las condiciones del contenido. El mismo día de la clase les dije que debían crear un programa de radio (en la herramienta de audio -podcast o audio, red social- de su preferencia) y que ese programa debía incluir:

  • Clips de bienvenida y despedida
  • Un anuncio de la página web «La Hora del Código».
  • Dos clips principales:
    • Entrevista sobre la experiencia (la tarea que se les había pedido)
    • Una historia sobre su experiencia (la tarea que se les había pedido)
  • Una reflexión sobre la importancia de utilizar este tipo de actividades en el aula.

La duración completa del programa de radio no podía superar los 15 minutos y debía tener un mínimo de 8 minutos.

Ya sabéis que yo soy muy fan de mis estudiantes, así que quiero compartir con vosotros los trabajos que han presentado  porque no solo me ha encantado su desparpajo y buen hacer, sino porque el contenido de las reflexiones de mis estudiantes me ha sorprendido gratísimamente (insisto en que son trabajos hechos en menos de 2 horas de trabajo y SIN experiencia previa en podcast).

Así que, si queréis oír un podcast sobre por qué usar la Hora del Código en primaria, aquí os dejo algunas sugerencias para escuchar:


Pincha en las imágenes para escuchar los podcast 😉

Pronto (al finalizar el curso) publicaré todas las guías de actividades de este año por si os son de alguna ayuda.

Proyecto CUTE

Desde octubre de 2019, tengo la oportunidad de ser la persona de contacto del Proyecto CUTE «Competencias para usar la Tecnología Educativa en las Universidades” (ERASMUS+: Strategic Partnership KA203-867FE04B) en la Universidad de Murcia y de tener como socios asociados en España, nada más y nada menos que al INTEF (Instituto Nacional de Tecnología Educativa y Formación del Profesorado). Estamos trabajando duro (y divertido) y quería tener la oportunidad de presentaros el proyecto del que tenéis toda la información en la página web https://cute.ku.dk/es/ (también en español).

Ojalá lo encontréis interesante