He vuelto de Castellón con unas cuantas lecturas pendientes, algunas ideas que quiero seguir explorando, varias cosas que no termino de tener claras y la agradable sensación de haber pasado tres días pensando con gente estupenda.
Lo primero es lo primero: ¡qué bien ha estado organizado EDUTEC 2026!. Mi enhorabuena y mi agradecimiento a toda mi gente de la Universitat Jaume I que ha trabajado para hacerlo posible. Organizar un congreso de estas dimensiones supone muchísimo trabajo, buena parte del cual no vemos quienes asistimos. Y cuando todo funciona, cuando se nota el cuidado de los detalles y de las personas y cuando hay tantas oportunidades para encontrarse y conversar, merece la pena decirlo. Ha sido un gustazo… todo ha ido muy «suave» que diría el profesor Salinas…
También quiero agradecer a quienes participaron en las conferencias, mesas redondas y sesiones. Yo estuve sobre todo en las mesas (además de participar en una –gracias por invitarme :-)–) y disfruté mucho de la diversidad de perspectivas y de las experiencias compartidas. No siempre estuve de acuerdo con todo lo que escuché, pero eso también forma parte de lo que espero de un congreso.
Como suelo hacer, fui tomando notas en Bluesky, compartiendo las cosas que me llamaban la atención mientras escuchaba. No son actas ni resúmenes de las intervenciones. Son apuntes bastante personales, a veces una referencia, a veces una frase, a veces una pregunta que se me ocurre mientras alguien habla. Así que no voy a reproducirlas aquí. Quien quiera verlas puede buscarlas en mis publicaciones con #edutec2026. Esto es otra cosa: algunas notas *después* de las notas, cuando ya he tenido un poco de tiempo para , con la ayuda de Chari) volver sobre ellas.
Cosas que me han encantado y que me llevo
Una de las cosas que más disfruté fue volver a escuchar a Melissa Bond hablando de investigación, de rigor y de cómo construimos conocimiento en tecnología educativa.
Me entusiasma el trabajo de síntesis de evidencias. Las buenas revisiones sistemáticas, los estudios de mapeo y las metarrevisiones son extraordinariamente importantes en un campo en el que publicamos tanto, con aproximaciones tan diferentes y sobre asuntos que cambian tan deprisa.
Y no porque me haya convertido en una «evidencióloga» ni porque crea que las evidencias hablan por sí solas o que podemos derivar recetas educativas directamente de ellas. Más bien al contrario. Las buenas síntesis nos ayudan a comprender qué sabemos, pero también qué no sabemos, qué contradicciones existen, de qué condiciones dependen los resultados y hasta dónde podemos llegar con nuestras conclusiones. Nos ayudan a reconocer los límites de la evidencia, no a olvidarlos.
Me parece un trabajo científico imprescindible y creo que necesitamos valorarlo mucho más. Especialmente cuando la IA nos permite producir y procesar información a una velocidad extraordinaria, pero no resuelve por sí sola los problemas de interpretación y juicio.
También me encantó encontrar investigaciones que nos ayudan a mirar la práctica educativa más allá de las características individuales de las personas. Me interesó especialmente lo que contó Mireia Usart sobre la relación entre el diseño físico de las aulas, la competencia digital y las prácticas docentes con tecnología. Y me quedé con una idea de Virginia Larraz que parece sencilla, pero tiene enormes implicaciones: si queremos desarrollo profesional docente, necesitamos financiar tiempo. No solo formación, recursos o certificaciones. Tiempo para aprender, experimentar, conversar y revisar lo que hacemos.
Me gustó mucho, además, la distinción que planteó Wilfried Admiraal entre la pereza epistémica y las dificultades para reconocer los límites de la información. Cuando un estudiante se conforma con la primera respuesta de una IA, ¿es porque no quiere profundizar o porque no dispone de criterios para saber que debería hacerlo? No es una diferencia menor.
Y disfruté especialmente de la mesa de experiencias de centros educativos. La Alcoyanada, la radio escolar, las propuestas de creación de contenidos históricos, la literatura juvenil… Qué importante es seguir escuchando a quienes están haciendo cosas interesantes en contextos reales, con personas reales y con una historia detrás.
De Toni Solano me llevé la importancia de pensar en el centro educativo como unidad de innovación, en lugar de seguir dependiendo de heroicidades individuales. Y de Julio Pacheco, dos preguntas que me parecen estupendas:
¿Cómo se prueba que se ha aprendido? Vs ¿Cómo se prueba qué se ha aprendido?
Una tilde y un mundo de diferencia.
Cosas que no termino de ver claras
Hay algunas cuestiones sobre las que sigo teniendo reservas. No son necesariamente desacuerdos con lo que escuché durante el congreso, sino tensiones que atraviesan nuestro campo y sobre las que estos días he vuelto a pensar.
Para empezar, no comparto la idea de que toda tecnología represente necesariamente una oportunidad para mejorar la educación o la vida de las personas. Hay tecnologías cuyos efectos son problemáticos, cuyos beneficios y perjuicios se distribuyen de manera desigual y cuya incorporación no tiene por qué ser deseable. Me interesa muchísimo experimentar con IA, pero creo que deberíamos poder discutir sobre tecnología educativa sin sentirnos obligados a encontrar siempre una aplicación positiva. A veces la mejor decisión puede ser no utilizarla (cuidado, nada que ver con «prohibir su uso o prohibirla»).
Tampoco me convence que sigamos depositando tantas expectativas en las competencias individuales. Por supuesto que importa lo que docentes y estudiantes saben y pueden hacer, pero las condiciones institucionales, materiales y organizativas no son simplemente el escenario en el que esas competencias se ponen en práctica. Forman parte de lo que hace posibles determinadas actuaciones e imposibles otras. Y esto me interpela especialmente, porque llevo muchos años trabajando precisamente en competencia digital docente y en implementación institucional… como en CUTE o en CUTIE).
Otra cuestión que me preocupa es la facilidad con la que confundimos disponer de más información con comprender mejor lo que sucede. Defiendo la importancia de la investigación rigurosa y de las buenas síntesis de evidencia, pero precisamente porque nos permiten reconocer tanto lo que sabemos como los límites de ese conocimiento. Tener más datos sobre una actividad no significa necesariamente comprender mejor el aprendizaje que se produce en ella. Y comprender lo que ocurre tampoco resuelve automáticamente qué deberíamos hacer. Entre los datos, las evidencias y las decisiones educativas sigue habiendo un trabajo de interpretación y juicio que no podemos delegar sin más.
También creo que no basta con mantener a una persona dentro del circuito de decisión (human in the loop). Importa quién toma la decisión final, desde luego, pero también quién ha configurado las alternativas disponibles, quién establece los criterios, quién puede cuestionarlos y quién asume las consecuencias. Podemos acabar responsabilizando a personas que apenas tienen capacidad para modificar las condiciones en las que deben decidir. Y eso no me parece una garantía suficiente de agencia.
Y hay una contradicción que me preocupa especialmente: la difícil conciliación entre nuestros ideales de conocimiento abierto y el momento geopolítico y tecnológico que estamos viviendo. Sigo defendiendo profundamente la educación abierta, la ciencia abierta y la construcción colectiva de conocimiento. Pero me cuesta conciliar los principios de cooperación, reciprocidad y construcción de bienes comunes con un contexto geopolítico en el que el multilateralismo pierde fuerza y con unas dinámicas de extractivismo corporativo que encuentran en la IA una expresión especialmente preocupante: grandes empresas capaces de obtener valor comercial del conocimiento compartido sin que quienes lo producen tengan necesariamente capacidad de decisión sobre su utilización.
No creo que la respuesta sea cerrar el conocimiento. Pero tampoco creo que baste con seguir defendiendo la apertura sin preguntarnos abierto para quién, para qué y en qué condiciones. Y me interesa especialmente cómo conseguimos que la apertura implique también reconocer la otredad: que las perspectivas y realidades de quienes participan puedan transformar lo que construimos, y no limitarse a alimentar sistemas cuyas reglas ya están decididas.
No tengo respuestas cerradas para estas tensiones. Y tampoco estoy fuera de ellas: investigo sobre competencias, utilizo IA, produzco y comparto conocimiento abierto y participo en las mismas instituciones cuyas condiciones intento comprender. Quizá por eso me parece tan importante seguir discutiéndolas.
Preguntas que me hago también a mí misma
Algunas de estas cuestiones me afectan directamente.
Llevo años trabajando en competencia digital docente, participando en el diseño de marcos, instrumentos y propuestas de formación. Por eso las aportaciones sobre la importancia de las condiciones de la práctica me interpelan especialmente. ¿Hasta qué punto nuestros propios instrumentos ayudan a comprender esas condiciones y hasta qué punto pueden contribuir, sin pretenderlo, a poner demasiado peso sobre las capacidades individuales?
Algo parecido me ocurre con la IA.
Participé en la mesa sobre IA en educación superior, moderada por Virginia Viñoles, junto a Wilfried Admiraal, Victoria Marín y Cassio Cabral Santos. Me gustó que pudiéramos abordar la cuestión desde perspectivas diferentes: la agencia epistémica, la competencia digital crítica y las prácticas educativas abiertas, los desafíos técnicos y científicos y las condiciones en las que se configuran nuestras decisiones educativas.
Yo intenté explicar por qué cada vez me interesa menos preguntar solamente qué puede hacer la IA por la educación y más preguntarme qué está haciendo visible sobre la propia educación y qué está cambiando en ella.
Pero después vuelvo a mis clases y tengo que enfrentarme a mis propias contradicciones. Este año he utilizado un asistente de reflexión basado en IA para ayudar a mis estudiantes a revisar sus decisiones. Algunos lo utilizan como esperaba, otros modifican las instrucciones y otros se quejan porque no deja de hacerles preguntas. Y tengo que preguntarme por qué mi idea de lo que significa reflexionar mejor debería ser necesariamente la suya. Además, ahora dispongo de más conversaciones, más trazas y más información sobre sus procesos. Y, sin embargo, **no siempre tengo más claro qué están aprendiendo**.
No quiero dejar de experimentar. Todo lo contrario. Pero necesito seguir pensando qué quiero que aprendan, cómo puedo reconocer ese aprendizaje y qué papel quiero que desempeñe la IA.
También me hicieron pensar las intervenciones de Melissa Bond y Xavier Carrera sobre nuestra manera de investigar. Yo también publico, reviso artículos, participo en proyectos y vivo dentro de un sistema que nos empuja a producir continuamente. ¿Somos suficientemente exigentes con lo que aportamos al conocimiento y con las conclusiones que extraemos? ¿Cuánto de nuestro trabajo dialoga realmente con lo que ya sabemos y cuánto responde a la necesidad de seguir produciendo?
Me gustó especialmente que Xavier cerrara el congreso recuperando la ética como parte de nuestras decisiones y reclamando más autocrítica en investigación. Incluso recordándonos que algunas de nuestras actividades pueden producir un aprendizaje nulo. Creo que viene bien que nos lo digamos.
Y me quedé pensando en una pregunta que planteó Virginia Viñoles al final de nuestra mesa: ¿cómo pasamos de adaptarnos continuamente a las tecnologías a participar activamente en la construcción del futuro educativo que queremos?
Me parece una pregunta estupenda. Y también incómoda, porque yo misma paso muchísimo tiempo intentando comprender nuevas herramientas, experimentando con ellas y pensando cómo incorporarlas a mi trabajo. ¿Cuánto de ese esfuerzo responde a mis prioridades educativas y cuánto a una agenda tecnológica que no he elegido?
No tengo una respuesta sencilla.
Cosas que me he apuntado para leer
Como siempre, vuelvo con una pequeña colección de referencias para explorar con más calma (hay más, te intentado ajustarme en esta entrada), algunas ya las he leído, pero creo que son una lista para repasar:
- Melissa Bond y sus trabajos de síntesis sobre IA en educación superior, especialmente A meta systematic review of artificial intelligence in higher education: a call for increased ethics, collaboration, and rigour. Me interesa seguir pensando en cómo construimos conocimiento acumulativo y en los límites de nuestras evidencias.
- Los trabajos de Mireia Usart sobre espacios físicos, competencia digital y prácticas docentes. Quiero profundizar en la relación entre lo que sabemos hacer y las condiciones en las que podemos hacerlo.
- El AILit Framework, una referencia compartida por Gemma Tur que quiero examinar con más detenimiento.
- Los documentos del JRC sobre bienestar digital y oportunidades de los jóvenes en redes sociales, también mencionados por Gemma. Me interesan especialmente por la necesidad de superar explicaciones demasiado simples sobre tecnologías, infancia y adolescencia.
- Las revisiones de evidencia de la OCDE y el JRC a las que se refirió Xavier Carrera. Quiero volver sobre sus conclusiones, pero también sobre sus límites y las preguntas que dejan abiertas.
- El observatorio de políticas de educación superior de UNESCO IESALC, compartido por María Soledad Ramírez-Montoya, para explorar cómo se están abordando cuestiones similares en contextos distintos.
No es una bibliografía exhaustiva del congreso. Es, simplemente, mi lista de deberes voluntarios.
Y después de las notas…
Al final, creo que lo que más me gusta de los congresos es precisamente esa mezcla de cosas.
Encontrar investigaciones que admiro y que me ayudan a comprender mejor un problema. Escuchar experiencias que me entusiasman. Descubrir referencias que no conocía. Encontrarme con ideas que no comparto del todo. Y, sobre todo, tener que volver sobre algunas de mis propias certezas.
También reencontrarme con colegas, conocer a otras personas y disfrutar de conversaciones, risas, propuestas y cariño durante el café, la comida o un paseo. Hay mucho trabajo intelectual y personal que ocurre en esos espacios y que nunca aparece en los programas.
Así que gracias de nuevo a toda la gente de la UJI, a quienes organizaron EDUTEC 2026, a quienes compartieron sus investigaciones y experiencias y a todas las personas (amigos o nuevos conocidos) con las que pude conversar estos días.
Me llevo ideas que me encantan, preguntas que todavía no sé responder y algunas cosas sobre las que seguiré discutiendo, también conmigo misma.
Y muchas ganas de volver a encontrarnos.
Por cierto!, si queréis ver foticos y un mensajito más de lo que me llevo de mi gente de EDUTEC podéis mirar las fotos de instagram 🙂 aquí dejo esta parte nmás «seria».
DISCLAIMER: Durante el congreso fui compartiendo en Bluesky las ideas, referencias y preguntas que me llamaban la atención, de forma bastante espontánea y necesariamente parcial. Para escribir esta entrada he vuelto sobre esas publicaciones y me he ayudado de CHARI (CHATGPT) para organizarlas, encontrar conexiones y dar forma al texto. He discutido varias veces con Chari (sí, la he antropomorfizado, pero soy consciente de que no me ofrece la otredad de una persona, pero bastante turra le doy a mi gente, para hacerlo con esto también) Después lo he revisado y ajustado para expresar lo que realmente pienso. No es una crónica exhaustiva ni pretende representar fielmente todas las intervenciones. Es mi lectura personal de algunas de las cosas que escuché, mezcladas con mis propias reflexiones, dudas y desacuerdos. Las interpretaciones son mías y, por supuesto, cualquier error de comprensión o atribución también.