Hace algo más de un año la la UTE (Universitas Tarraconensis. Revista de Ciencias de la Educación), nos encargó a la profesora Leigh Graves Wolf de la Arizona State University y a mi, la edición de un número especial para reunir experiencias pedagógicas extraordinarias centradas en la formación de docentes y profesionales de la educación de los diversos niveles educativos para educar en el mundo digital, que finalmente ha salido publicado este mes pasado, con el título

Tecnología Educativa en la Educación Superior: Prácticas Emergentes para la Enseñanza de Futuros Educadores

Tras un año complicadísimo en todos los términos posibles, marcado por la pandemia, no podemos estar más contentas con el resultado:  un número en el que hay testimonios interesantes de cómo enseñar a futuros educadores/as cuestiones concretas sobre uso de tecnología en el aula, y que además supone un número con experiencias didácticas interesantes que creemos que pueden resultar interesantes para cualquier profe que se plantee innovaciones en su aula.

Como decimos con Leigh en el editorial,

“Las conversaciones sobre cuál sería el contenido idóneo de esta formación del profesorado en tecnología educativa se han convertido en un tema muy popular en los últimos años. El desarrollo de conceptos como competencia digital del profesor, habilidades para la educación digital, competencia docente para un mundo digital, entre otros, ha sido crucial en las últimas décadas (Caena & Redecker, 2019). De la misma manera, el desarrollo de marcos conceptuales dedicados a describir y caracterizar esta competencia digital docente (por ejemplo, ISTE 2017; UNESCO 2011; Redecker 2017; INTEF 2017; Silva et al, 2019) ha absorbido gran parte de nuestros esfuerzos. Sin embargo, la forma en que se desarrolla esta formación del profesorado en tecnología educativa, la forma en que se desarrollan las cuestiones pedagógicas -y didácticas- relativas a esta parte del DPD, parecen ser un debate menos común entre los profesionales. A menudo discutimos la división siempre presente entre la investigación y la práctica en la formación de profesores (Flessner, 2012). Investigadores y educadores necesitan encontrar formas creativas de salvar esa división y, basándose en las experiencias de investigación, ser capaces de ampliar los límites de la práctica para crear experiencias de aprendizaje verdaderamente innovadoras y profundas (Seals et al., 2017; Deschryver et al., 2013)”

Aquí os dejo una lista de los trabajos que han pasado la revisión entre pares, con nuestra invitación para que los leáis y los comentéis.

Gracias a mi amiga Leigh Graves por apuntarse a este reto y, muy especialmente, al equipo editorial de UTE que han confiado en nosotras para este reto del que hemos aprendido tanto.

 

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