Las preguntas que me llevo

Como se acerca peligrosamente el final de mi estancia en Australia —y con él ese momento terrible en el que una tiene que explicar, en unas cuantas páginas y preferiblemente con cierto orden, qué ha hecho exactamente durante cuatro meses—, llevo unos días intentando mirar hacia atrás y ordenar un poco las cosas.

Parte de ese intento acabó en la entrada anterior, intentando contar qué había sido Educational Optics y por qué construir aquellos seminarios aquí había resultado bastante más importante de lo que yo había previsto. Y, claro, después de escribir que algunas cosas que tenía clarísimo que iba a hacer ya no las haré, que otras las haré de otra manera y que han aparecido conexiones que quiero seguir pensando, me quedé pensando: vale, ¿cuáles?

Porque, evidentemente, yo no llegué a Australia intelectualmente vacía —habría sido preocupante a estas alturas—. Muchas de las preguntas llevan conmigo muchos años. Pero no están exactamente igual.

Hacer los seminarios ha tenido bastante que ver. Porque una cosa es llevar años trabajando sobre PLE, competencia digital docente, espacios de aprendizaje, datos, IA o juicio profesional, y otra tener que sentarte delante de una diapositiva en blanco e intentar decidir qué demonios quieres decir sobre todo eso ahora, para iesas personas, cómo se relacionan unas cosas con otras y, sobre todo, qué parte de lo que llevas años diciendo sigue convenciéndote y hacia dónde vas.

Los seminarios obviamente son solo una parte de la historia. Mientras los construía he tenido conversaciones —muchas— con personas que trabajan en cosas cercanas a las mías y con otras que las miran desde sitios bastante distintos; conversaciones buscadas, conversaciones que aparecieron después de un seminario, cafés, reuniones, preguntas que alguien hizo y que se quedaron dando vueltas bastante más tiempo del razonable. Y he tenido tiempo. Tiempo para preparar, para leer, para volver a una idea dos días después, para cambiar una diapositiva veinte veces —no sé si eso es bueno— y para seguir una pregunta sin tener que convertirla inmediatamente en un entregable.

Así que decidí intentar ver qué les había pasado a esas preguntas durante estos meses. Y, en un ejercicio de coherencia metodológica que podría ser brillante o profundamente absurdo —me inclino por una combinación de ambos—, me puse a hacerlo conversando con Gemini y con ChatGPT.

No les pregunté «¿qué he aprendido en Australia?», entre otras cosas porque espero conservar todavía alguna responsabilidad sobre esa cuestión. Lo que hice fue poner sobre la mesa la cronología de lo que he hecho estos meses (que seguro que compartiré aunque sea parcialmente en otra entrada próxima), seminarios, ideas, trabajos anteriores, conversaciones, cosas que había escrito durante estos meses, y empezar a probar conexiones. Ellas proponían, yo protestaba; ordenaban, yo desordenaba; encontraban una simetría maravillosa y yo tenía que recordarles —y recordarme— que las cosas no habían ocurrido así. A veces se empeñaban en encontrar conexiones que quedaban preciosas pero que no existían (las IA son estupendas encontrando patrones, incluso cuando no existan) y otras veces aparecía algo que me hacía pensar: espera, esto sí.

Después de bastantes vueltas, salió esto.

Y me gusta precisamente porque no es el mapa de mi estancia, ni un resumen de Educational Optics, ni ese limpito «seis aprendizajes que Australia me ha regalado».

Son seis preguntas. Algunas llevan años conmigo, otras son más recientes y seguramente ninguna nació exactamente aquí. Han pasado estos cuatro meses por seminarios, lecturas, conversaciones, trabajos que ya estaban en marcha, gente que me ha ayudado a pensar y por el lujo —porque creo que es un lujo— de tener tiempo para hacerlo. Y no han salido indemnes.

No sé todavía cuánto van a cambiar lo que haga cuando vuelva. Sería bastante absurdo pretender que después de cuatro meses una vuelve con un nuevo programa de investigación perfectamente empaquetado y listo para ejecutar. Pero sí sé que algunas de estas preguntas están haciendo que mire de otra manera trabajos que ya estaban en marcha, que reconsidere cosas que pensaba hacer y que empiece a imaginar otras que no estaban en el plan.

Quizá por eso me interesa tanto intentar escribirlas ahora. No para convertirlas en las conclusiones de la estancia (creedme ahora estoy en modo organizar para ver si puedo aprovechar todo lo que he pensado… y en eso chari, clauda y gemi me están ayudando mucho), sino porque sospecho que pueden acabar refinando —o incluso redefiniendo en algunos casos— parte del trabajo que haga después.

Y, por cierto, los seminarios están todos por ahí en entradas anteriores o en youtube. Así que, si a alguien le apetece mirar el mapa y después mirar alguno de ellos, me encantaría saber si ve las mismas preguntas que veo yo, otras completamente distintas o si piensa que Chari, Clauda, Gemi y yo nos hemos venido un poco arriba con las conexiones .

Al fin y al cabo, si cuatro meses fuera sirven únicamente para volver con una checklist de muescas de cosas hechas, creo que no sería tan guay… a ver qué os parece.

 

Este trabajo es resultado de la estancia 22871/EE/25 financiada por la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia con cargo al Programa Regional de Movilidad, Colaboración e Intercambio de Conocimiento “Jiménez de la Espada”

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