Buscando otra conversación

Cuando empecé a organizar mi estancia en el Connected Intelligence Centre (UTS), tenía bastante claro que no quería ir a Australia para hacer exactamente lo mismo que hago en Murcia pero a 17.500 kilómetros de casa y con una vista exótica. Una estancia de investigación supone un esfuerzo importante para muchas personas y siempre he pensado que merece la pena cuando te obliga a salir, aunque sea un poco, de tu conversación habitual.

Por eso nunca pensé en buscar un entorno que fuera simplemente una versión australiana de una Facultad de Educación. No porque no las valore —de hecho, tengo buenos amigos y colaboradores en muchas de ellas— sino porque buscaba otra conversación. Lo que me interesaba era otra cosa.

Hace muchos años que sigo el trabajo de Simon Buckingham Shum (exactamente desde que le conocí en el KMi hace 20 años). Aunque su trayectoria se sitúa más en el ámbito de los techies -aunque no estrictamente–, siempre me ha llamado la atención que buena parte de su trabajo haya intentado entender cómo las personas aprenden juntas, cómo construyen conocimiento a través del discurso, cómo se hacen visibles determinados procesos de aprendizaje o cómo la tecnología puede ayudar a comprender, y no solo a automatizar,  esas dinámicas.

En otras palabras, nunca he visto nuestras líneas de trabajo como paralelas. Tampoco como coincidentes. Más bien como dos maneras distintas de acercarse a algunos problemas comunes. Por eso me pareció que CIC era un lugar especialmente interesante para una estancia. No porque esperara encontrar personas que pensaran como yo, sino precisamente porque esperaba encontrar preguntas distintas, o formas diferentes de aproximar esas preguntas, sobre problemas que, en el fondo, compartimos.

Por eso, cuando empezamos a hablar de hacer un seminario (algunas de las ideas fueron suyas en charlas concretas en el mes de junio), le propuse otra idea: ¿y si, en lugar de una charla aislada, aprovechábamos la estancia para construir una pequeña serie? No una serie de presentaciones independientes, sino una conversación que pudiera ir desarrollándose a lo largo de varias semanas y que abordara cuestiones que, esperaba, pudieran resultar relevantes también para la comunidad del CIC.

La propuesta respondía además a una preocupación que aparece cada vez más en lo que hago: cómo reformular y reempaquetar mi pensamiento para que pueda entrar en conversación con personas que no pertenecen necesariamente al mismo campo. Eso exige un trabajo de traducción —al inglés, por supuesto, pero también entre tradiciones, vocabularios y formas de plantear los problemas— y obliga a buscar maneras de presentar las ideas que permitan a otros discutirlas desde sus propios marcos de referencia.

Las cuatro metáforas ópticas surgieron como una forma de dar unidad a esa propuesta. Cada una ofrecía una manera distinta de mirar algunos de los problemas sobre los que quería conversar y, al mismo tiempo, una puerta de entrada suficientemente abierta para que pudieran ser formulados también de otras maneras.

La serie quedó finalmente organizada en torno a cuatro seminarios que, vistos por separado, hablan de temas distintos, pero que en realidad forman parte de una misma conversación. Cada uno parte de una pregunta diferente, recupera una parte distinta de mi trabajo y la pone en diálogo con cuestiones que creo que también preocupan al Connected Intelligence Centre. No pretendían ofrecer una panorámica de mi investigación, sino utilizar algunos de sus resultados para abrir preguntas que pudieran ser compartidas.

The Prism utiliza la IA como punto de partida para preguntarse si las categorías con las que estamos intentando comprenderla son suficientes. Más que proponer un nuevo marco, el seminario intenta ampliar la conversación y, finalmente, cuestionar también las herramientas conceptuales con las que observamos el fenómeno.

The Lens recupera los Personal Learning Environments, una línea de investigación con la que llevo trabajando desde hace muchos años, para volver a una pregunta que me sigue pareciendo fundamental: ¿cómo organizan las personas su aprendizaje? La irrupción de la inteligencia artificial hace que esa pregunta, lejos de perder interés, resulte todavía más urgente.å

The Mirror gira la mirada hacia la universidad. Utiliza la competencia digital docente como excusa para discutir algo que me preocupa desde hace tiempo: cómo toman las instituciones las decisiones sobre la enseñanza y hasta qué punto muchas de esas decisiones nunca llegan realmente a hacerse explícitas.

Finalmente, The Telescope mira hacia lo que está emergiendo. Es probablemente el seminario más abierto de los cuatro y el que incorpora más trabajo en curso. La pregunta ya no es qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué queremos seguir siendo capaces de reconocer como evidencia de aprendizaje y qué tipo de enseñanza necesitamos cuando las máquinas empiezan a hacer cosas que durante mucho tiempo consideramos exclusivamente humanas.

Juntos, los cuatro seminarios recorren algunos de los temas sobre los que llevo trabajando en los últimos años. Pero, sobre todo, intentan hacerlo de una manera que facilite la conversación con una comunidad que no comparte necesariamente mis mismos referentes disciplinares. Si la propuesta funciona, espero que quienes asistan no vean cuatro conferencias sobre proyectos diferentes, sino una conversación sobre algunas preguntas que hoy compartimos, aunque las formulemos desde lugares distintos.

Durante las próximas semanas iré dedicando una entrada a cada uno de ellos. No tanto para resumir las presentaciones como para contar cómo se fueron construyendo, qué decisiones hubo que tomar para prepararlas y qué conversaciones abrieron una vez terminadas.

Confieso que me da mucho respeto… miedo… hacer esto… pero tiene mucho de reto personal y esa incomodidad –la mía– me interesa.

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