Gente que comparte su espacio

Ahora que mi estancia en Australia ha terminado y que ya estoy en casa, llevo unos días haciendo inventario (mucho ha pasado por aquí, por el blog). He hecho inventario de actividades, reuniones, seminarios, viajes, cosas escritas, cosas empezadas y cosas que probablemente tardarán todavía bastante en terminar. Pero hay otra parte de una estancia que resulta mucho más difícil de poner en una memoria o en una línea temporal: las personas que te hacen sitio.

Y he pensado mucho en cuatro de ellas.

He conocido, hablado, pensado, incluso hecho amistad con más gente, pero esos cuatro son particularmente importantes en este recuento de mi estancia en Australia.

A Lucila Carvalho no la he conocido en Australia. Lucila es mi amiga. Y eso cambia completamente la historia. Tenerla aquí ha significado tener, a miles de kilómetros de casa, a alguien con quien no hacía falta empezar desde el principio, alguien que te acompaña y a quién acompañar. Pero también ha significado poder compartir de otra manera nuestras vidas académicas: estar en su universidad (The University of Sydney), conocer más de cerca su mundo, dar clase con sus estudiantes y seguir teniendo conversaciones que empiezan hablando de investigación y terminan, afortunadamente, en cualquier otra cosa.

Con Sarah Prestridge llevo años trabajando y también creo que es una amiga. Hemos compartido proyectos, ideas, discusiones y muchas horas a distancia. Esta vez pude ir a Brisbane, estar en Griffith, conocer mejor el lugar desde el que trabaja y compartir allí parte de lo que yo estaba pensando durante estos meses. Hay algo especial en poder entrar, por fin, en el contexto cotidiano de alguien con quien llevas tanto tiempo construyendo cosas… y entender ese espacio que la hace tan especial y del que siempre es embajadora.

A Luci Pangrazio, en cambio, por fin la he conocido en persona. Conocía su trabajo desde hacía mucho tiempo y nuestros caminos académicos se habían cruzado de distintas maneras, pero nos faltaba algo aparentemente tan sencillo como sentarnos juntas. Esta estancia nos dio esa posibilidad. Y me recordó que, por muchas cosas que podamos hacer estupendamente a distancia, estar en el mismo sitio sigue importando.

Y luego está Simon Buckingham Shum.

A Simon lo conocí hace casi veinte años y conservo un recuerdo bastante nítido de aquel primer encuentro… el mayor ridículo de mi vida en inglisish lo he hecho ante el (y mira que he hecho varios). Recuerdo, sobre todo, mis enormes ganas de entender cómo miraba él algunas de las cosas que a mí ya me preocupaban entonces. Y recuerdo también una esperanza bastante más improbable: que alguna vez tuviéramos la oportunidad de conversar lo suficiente como para que él pudiera entender cómo las miraba yo y, además, encontrara algo valioso en esa perspectiva. Veinte años después, una de las razones por las que quise venir a UTS era precisamente tener tiempo para esas conversaciones. Y creo que lo hemos conseguido. No porque ahora pensemos lo mismo —afortunadamente, no—, sino porque durante estos meses hemos tenido tiempo para intentar entender seriamente desde dónde piensa el otro. Educational Optics ha sido seguramente la parte más visible de esa conversación: cuatro seminarios que me obligaron a poner en orden ideas que llevaba mucho tiempo pensando y que fueron cambiando también a medida que las hablábamos, discutíamos y volvíamos a mirar.

Simon me abrió un espacio en UTS cuando llegué. Pero lo que me llevo no es solo haber tenido ese espacio. Es la sensación de que, después de tantos años queriendo entender mejor su perspectiva y esperando que algún día hubiera ocasión para que él entendiera la mía, hemos encontrado un lugar desde el que pensar juntos. Hemos hablado mucho, hemos visto más allá de los trabajos del otro.

Y eso, para mí, ha sido una de las cosas más valiosas de estos meses. Supongo que por eso, después de casi cuatro meses, pienso que la movilidad académica tiene bastante menos que ver con moverse de lo que parece. Al final puedes comprar un billete, cruzar medio mundo, cambiar de despacho y llenar una agenda de reuniones. Pero una estancia ocurre de verdad cuando, al llegar, encuentras personas con las que puede habitar esos espacios: amigas que ya estaban, colaboradoras de muchos años, personas a las que por fin puedes conocer sin una pantalla de por medio y relaciones nuevas que tienen tiempo para convertirse en conversaciones. Por favor, a todos los que empezáis, haced amigos… tened conversaciones… muchas, todas…

He tenido muchísima suerte con las cuatro. Gracias a ellos he conocido y hablado con gente con la que espero seguir coincidiendo, otros con los que espero poder trabajar y con otros a los que es un honor haber tenido la oportunidad, aunque sea  de decir hola (Lina, Karen, Peter, Simon, Jan, Tim, Margareth, Roberto, and many others…)…

Gracias, Lucila, Sarah, Luci y Simon, por hacerme sitio en Australia. Recordad que en Murcia siempre sois bienvenidos 🙂

Este trabajo es resultado de la estancia 22871/EE/25 financiada por la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia con cargo al Programa Regional de Movilidad, Colaboración e Intercambio de Conocimiento “Jiménez de la Espada”

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