Una historias: Miss Sonia y la gamificación 1

 

Hace un tiempo estaba hablando con un buen amigo y colega e intentábamos concluir alguna cosa con sentido acerca de qué aporta realmente  la “gamificación” a un modelo didáctico… y nos costaba encontrar el “quid” de la cuestión… ¿motivación? Bueno sí, se trata de motivación, pero ¿y el factor novedad de Clark? (o la curva de Gartner, o el experimento del caballo blanco de A. Bartolomé), ¿acaso aporta algo más a la clase?, ¿es una forma más de hacer que nuestros estudiantes se muevan sólo por un premio? ¿de hacerles competir entre ellos mientras consiguen que otro no consiga algo (la mayoría de los juegos se basan en que alguien gane y los demás pierdan)? ¿es, otra vez más la zanahoria de nuestros alumnos?…  estábamos en esa discusión y nos preguntábamos ¿qué aporta de nuevo al modelo? ¿por qué es mejor que las notas, o los puntos positivos?… y pregunté yo “¿o en qué se diferencia de los estimulitos que nos daba Miss Sonia?”… así que le conté a mi amigo la siguiente historia:
Cuando fui por primera vez a un colegio (5 años), iba a un pequeño cole de Bogotá que por pequeño y casi recién abierto le tocaba hacerse publicidad intentando diferenciarse del entorno ofertando lo que entonces se entendía como las dos grandes apuestas del futuro: era bilingüe (aunque tal calificativo se sustentaba únicamente en que decíamos de “miss” a todas las profes –había solo un “mister” el de educación física-, y nos llamaban la atención con un “silence please”), y además nos daban informática (eso sí, con 5 años nos “enseñaban a programar” con Basic y la Tortuga de Logo era nuestra mascota)…
Mi primera maestra fue Miss Sonia. Al finalizar cada semana, Miss Sonia repartía entre los miembros de la clase unos cuantos trozos de pergamino dibujados y pintados por ella a modo de medalla que te ponías en el uniforme con un imperdible y que ella denominaba “estimulitos”.
Había muchos y muy variados (ahora que lo pienso creo que al menos un cuarto de aquella clase llevaba uno jeje): “Siempre estoy atenta” (para la que siempre levantaba la mano en clase), “Soy la más aplicada” (para la de las mejores notas), “Tengo unos modales impecables” (para el que siempre pedía todo por favor y no gritaba), “Voy siempre limpio y arreglado” (para quien tras el recreo no parecía salido de un bombardeo), “Soy compañerista” (para el que dejaba siempre la goma de borrar a los demás sin temer que se la “gastasen”), “Escucho atentamente” (para la callada)… y ya os digo, un laaargo etc…
A mí me tocaba siempre mi estimulito de “Soy la más aplicada”… ese fue para mí todos los viernes, cada semana durante lo que a mí me parecieron “eras”…
Pues bien, un día Miss Sonia se dio cuenta que sus estimulitos dejaban sistemáticamente a una parte de la clase “triste” y decidió cambiar las reglas pero no nos lo avisó. Un viernes, justo antes de salir hacia casa, empezó el reparto semanal de “estimulitos” y ¡oh Sorpresa! Ya no hubo estimulito para los que hacíamos lo de antes… Miss Sonia repartió los estimulitos y ante nuestras caras llenas de sorpresa nos dijo “es que debe haber estimulitos para los demás, no sólo para vosotros”… recuerdo aquel viernes, lo mucho que lloré en el autobús del cole de vuelta ¿qué diría en casa?¿cómo explicaría que ya no era “la más aplicada”, aunque seguía teniendo las mejores notas? si no eran mis notas ¿qué era lo que quería Miss Sonia de mí? ¿tenía que ser como los demás para que me dieran mi estimulito? ¿cómo quién?…
Recuerdo mi disgusto (incluso recuerdo cómo sonaba mi voz contando la tragedia acontecida) y recuerdo también los vanos esfuerzos de mis padres por explicarme la lógica de la situación (las risas al respecto duraron muchos años)…
¿Y a qué viene esta historia? La verdad, pues no lo tengo tan claro, los Badges no dejan de parecérseme a los “estimulitos” de Miss Sonia, las razones para darlos me resultan hasta cierto punto igual de arbitrarias y los resultados francamente similares… la cosa es ¿en qué mejoraba el modelo Miss Sonia con sus estimulitos? Si hay una respuesta afirmativa a esa pregunta (si es así por favor explicádmelo que no lo tengo claro), es evidente que la tecnología nos “hace más fácil” la posibilidad de repartir esos estimulitos entre los participantes en un curso ¡viva la gamificación! Pero la siguiente cuestión es ¿nos será útil siempre nuestro sistema de estimulitos? ¿los badges por “conseguir” cosas?  ¿O habrá un día que los cambiaremos y decidiremos que los motivados ya lo están y que debemos quitar esos y poner otros? Y la cosa es ¿merece la pena?…
Creo que mi historia no aportó ninguna luz a la charla sobre gamificación que teníamos, pero tras escucharla mi amigo se rió un buen rato de mí y me pidió que contara la historia en mi blog, así que así lo hago. Si a alguno de vosotros os sugiere algo… que lo diga por favor… a ver si seguimos pensando…
No quiero empañar el recuerdo de mi maestra. De Miss Sonia recuerdo –aparte del asunto de los estimulitos-una cara sonriente y sus enormes esfuerzos por responder a todas nuestras preguntas… y os aseguro que eran muchas… como siguen siendo muchas… me alegro de que su recuerdo me siga ayudando a pensar más en más cosas y a hacerme más y más preguntas.

Hace un tiempo estaba hablando con un buen amigo y colega e intentábamos concluir alguna cosa con sentido acerca de qué aporta realmente  la “gamificación” a un modelo didáctico… y nos costaba encontrar el “quid” de la cuestión… ¿motivación? Bueno sí, se trata de motivación, pero ¿y el factor novedad de Clark? (o la curva de Gartner, o el experimento del caballo blanco de A. Bartolomé), ¿acaso aporta algo más a la clase?, ¿es una forma más de hacer que nuestros estudiantes se muevan sólo por un premio? ¿de hacerles competir entre ellos mientras consiguen que otro no consiga algo (la mayoría de los juegos se basan en que alguien gane y los demás pierdan)? ¿es, otra vez más la zanahoria de nuestros alumnos?…

Estábamos en esa discusión y nos preguntábamos ¿qué aporta de nuevo al modelo? ¿por qué es mejor que las notas, o los puntos positivos?… y pregunté yo “¿o en qué se diferencia de los estimulitos que nos daba Miss Sonia?”… así que le conté a mi amigo la siguiente historia:

Cuando fui por primera vez a un colegio (5 años), iba a un pequeño cole de Bogotá que por pequeño y casi recién abierto (acabo de buscarlo en la red y ha cambiado hasta de nombre) le tocaba hacerse publicidad intentando diferenciarse del entorno ofertando lo que entonces se entendía como las dos grandes apuestas del futuro: era bilingüe (aunque tal calificativo se sustentaba únicamente en que decíamos de “miss” a todas las profes –había solo un “mister” el de educación física-, y nos llamaban la atención con un “silence please”), y además nos daban informática (eso sí, con 5 años nos “enseñaban a programar” con Basic y la Tortuga de Logo era nuestra mascota)…

Mi primera maestra fue Miss Sonia. Al finalizar cada semana, Miss Sonia repartía entre los miembros de la clase unos cuantos trozos de pergamino dibujados y pintados por ella a modo de medalla que te ponías en el uniforme con un imperdible y que ella denominaba “estimulitos”. Había muchos y muy variados (ahora que lo pienso creo que al menos un cuarto de aquella clase llevaba uno jeje): “Siempre estoy atenta” (para la que siempre levantaba la mano en clase), “Soy la más aplicada” (para la de las mejores notas), “Tengo unos modales impecables” (para el que siempre pedía todo por favor y no gritaba), “Voy siempre limpio y arreglado” (para quien tras el recreo no parecía salido de un bombardeo), “Soy compañerista” (para el que dejaba siempre la goma de borrar a los demás sin temer que se la “gastasen”), “Escucho atentamente” (para la callada)… y ya os digo, un laaargo etc… A mí me tocaba siempre mi estimulito de “Soy la más aplicada”… ese fue para mí todos los viernes, cada semana durante lo que a mí me parecieron “eras”…

Esto es una reconstrucción de cómo eran mis estimulitos, desafortunadamente creo que no conservo ninguno de entonces :-)

Pues bien, un día Miss Sonia se dio cuenta que sus estimulitos dejaban sistemáticamente a una parte de la clase “triste” y decidió cambiar las reglas pero no nos lo avisó. Un viernes, justo antes de salir hacia casa, empezó el reparto semanal de “estimulitos” y ¡oh Sorpresa! Ya no hubo estimulito para los que hacíamos lo de antes… Miss Sonia repartió los estimulitos y ante nuestras caras llenas de sorpresa nos dijo “es que debe haber estimulitos para los demás, no sólo para vosotros”… recuerdo aquel viernes, lo mucho que lloré en el autobús del cole de vuelta ¿qué diría en casa?¿cómo explicaría que ya no era “la más aplicada”, aunque seguía teniendo las mejores notas? si no eran mis notas ¿qué era lo que quería Miss Sonia de mí? ¿tenía que ser como los demás para que me dieran mi estimulito? ¿cómo quién?…

Recuerdo mi disgusto (incluso recuerdo cómo sonaba mi voz contando la tragedia acontecida) y recuerdo también los vanos esfuerzos de mis padres por explicarme la lógica de la situación (las risas al respecto duraron muchos años)…

¿Y a qué viene esta historia? La verdad, pues no lo tengo tan claro, los Badges no dejan de parecérseme a los “estimulitos” de Miss Sonia, las razones para darlos me resultan hasta cierto punto igual de arbitrarias y los resultados francamente similares… la cosa es ¿en qué mejoraba el modelo Miss Sonia con sus estimulitos? Si hay una respuesta afirmativa a esa pregunta (si es así por favor explicádmelo que no lo tengo claro), es evidente que la tecnología nos “hace más fácil” la posibilidad de repartir esos estimulitos entre los participantes en un curso ¡viva la gamificación! Pero la siguiente cuestión es ¿nos será útil siempre nuestro sistema de estimulitos? ¿los badges por “conseguir” cosas?  ¿O habrá un día que los cambiaremos y decidiremos que los motivados ya lo están y que debemos quitar esos y poner otros? Y la cosa es ¿merece la pena?…

Confieso, creo que  mi historia no aportó ninguna luz a la charla sobre gamificación que teníamos, pero tras escucharla mi amigo se rió un buen rato de mí y me pidió que contara la historia en mi blog, así que así lo hago. Si a alguno de vosotros os sugiere algo… que lo diga por favor… a ver si seguimos pensando…

No quiero empañar el recuerdo de mi maestra. De Miss Sonia recuerdo –aparte del asunto de los estimulitos-una cara sonriente y sus enormes esfuerzos por responder a todas nuestras preguntas… y os aseguro que eran muchas… como siguen siendo muchas… me alegro de que su recuerdo me siga ayudando a pensar más en más cosas y a hacerme más y más preguntas.

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